Un accidente de tráfico sucede en décimas de segundo: una distracción, una mala maniobra, un malentendido… cuando nos queremos dar cuenta nuestro coche ha chocado y nos encontramos rellenando un parte amistoso o esperando que acuda la Policía Local o la Guardia Civil.
Hay accidentes de tráfico cuya culpa queda clara desde el minuto uno: una colisión por detrás (siempre que ésta no venga precedida de un frenazo brusco o una incorporación indebida o subrepticia), no respetar uno de los vehículos el stop o ceda el paso que le afectaba, saltarse un semáforo en rojo, etc. Pero otros, en cambio, están abiertos a interpretaciones y matices. Por ejemplo, no hace mucho celebramos en FM Abogados Tenerife un juicio en el que uno de los intervinientes detuvo su coche a la salida de una curva en una carretera secundaria para charlar con un vecino. Una moto que circulaba por dicha vía a más velocidad de la permitida se encontró con el coche en mitad de la carretera y se produjo la colisión. La Guardia Civil le otorgó la culpa exclusiva al motorista, alegando que si hubiera circulado a la debida velocidad hubiera podido sortear el obstáculo o cuanto menos minimizar los daños. Sin negar parte de razón a este parecer de la fuerza instructora, este abogado entiende que algún reproche penal debiera hacerse también a quien detiene en mitad de la vía en zona de nula visibilidad para el resto de vehículos y sin motivo justificado su coche.